Érase una vez una chica que era como una caja de herramientas. Todo el mundo sacaba de ella la herramienta que más le interesaba en ese momento, hasta que un día ya no quedó nada que sacar y la chica-caja se quedó vacía.
Los días caen como hojas muertas, como muerta está mi alma. Sigo esperando esa calma que llega tras la tormenta, pero me atormentan las preguntas que dejaste sin respuesta.